Hoy en día existen muchos corredores que están iniciándose en la rutina del Barefoot. Es un término en inglés que significa “descalzo” y consiste en correr así sin calzado deportivo, como su nombre lo dice: descalzo.

A pesar de que muchas marcas internacionalmente reconocidas por sus calzados deportivos como Asics, Nike o Adidas sigan innovando en mejorar los tennis y zapatillas para correr, cada vez hay más corredores que defienden el entrenamiento barefoot y están convencidos de que es preferible correr más naturalmente, sin calzado o algún otro elemento artificial.

Su argumento principal contra dichas marcas deportivas es que al utilizar calzado deportivo para correr se modifica la postura del cuerpo, aumenta la posibilidad de lesionarse y resulta una forma ineficiente de correr.  

Es por esta razón que estas empresas deportivas lanzan nuevos modelos, diseños y tecnologías que se asemejan cada vez más a la pisada natural, creando calzado muy ligero.

Para muchas personas que no han practicado la rutina del barefoot puede parecer que correr descalzos resulte doloroso, incómodo e incluso perjudicial para nuestros pies y la salud. Pero por el contrario, los que practican el barefoot afirman que no duele ya que el pie humano está preparado para correr sin ningún tipo de calzado deportivo, que es una costumbre acunada hace muchos años y que el tren inferior se fortalecería si corriéramos descalzos pues empezaríamos a usar esos músculos. Asimismo, estos corredores afirman también que otra ventaja de practicar barefoot es que se reduciría el impacto del suelo que se produce en la rodilla a la hora de pisar.

¿Cómo empezar a entrar barefoot?

Antes de empezar debes saber que no se puede correr descalzo por todos los suelos, terrenos y superficies que existan ya que hay algunos que tengan piedras, espinas y objetos que puedan lastimarnos. Por eso, para correr descalzo distancias significativas es indispensable fortalecer la planta del pie y los músculos de forma gradual y progresiva.

Lo ideal es buscar terrenos con una superficie amigable para tu pie como correr en arena, hierba o caminos que estén limpios. Si no puedes encontrar un terreno así, lo recomendable es conseguirse un buen par de tennis o zapatillas especiales o también llamadas minimalistas que permiten el movimiento natural del pie y los músculos como si estuvieras descalzo pero que protegen el pie.